Requiem für Pina Bausch

Ya sé que a ELLA no le van a dedicar páginas enteras en todos los diarios del mundo. Es posible que su foto sólo aparezca en un pequeño módulo de portada. Y desde luego, el 99% de los que lloran ahora mismo a otro gran bailarín es posible que no tengan ni idea de quién era Pina Bausch o de lo que ella supuso en el mundo de la danza (ese otro muerto, casi con toda seguridad, sí conocía a Pina).
Nació hace 68 años en Alemania y a finales de los 60 ya montó su primera coreografía. Desde entonces no dejó de crear nuevos montajes, a cual más innovador. Desde Isadora Duncan, pocas mujeres han dejado una impronta tan fuerte en el mundo de la danza. Una de sus obras más conocidas es Cafe Müller (1978), que se inspira en los cafés berlineses y en la que las sillas juegan un rol importante. Pero sin duda, es ese cuerpo de Pina Bausch, aparentemente inerte que de pronto cobra vida y se retuerce sobre sí mismo, el que domina toda la coreografía.
Llevaba años al frente de la compañía de danza de Wuppertal, con la que actuó en nuestro país, si la memoria no me falla, hace un par de años. Melancolía y joie de vivre, sobriedad y exhuberancia… todo se daba de la mano en aquel montaje. Inolvidable ese momento en el que ella bailaba descalza sobre una superficie cubierta de agua.
Y sí, también se la pudo ver en Hable con ella de Almodóvar.
A estas horas, muchos medios de comunicación ni siquiera han dado la noticia (The Guardian, y me duele decirlo, es uno de ellos).
En *gonzolog queremos recordarla de la mejor manera posible: con un fragmento de Cafe Müller.
Bis Bald, Pina!






