La maldita palabra
Me encontraba en la cola de la frutería, comprando unas cuantas de esas manzanas fuji verdes y rojas que tanto me gustan, cuando la horrible pregunta salió con fuerza y sin previo aviso de los labios de mi tendera favorita (se convirtió en mi predilecta el día en el que dos tipos le robaron el monedero mientras me atendía a mi):
- Son 80 céntimos.
- Aquí tienes, muchas gracias.
- Por cierto, me gustaría preguntarte algo: ¿qué es eso del e-gobierno?
Al principio no lograba comprender qué extraña asociación habría hecho la joven para llegar a preguntarme semejante locura, hasta que recordé que mis manos sujetaban un manojo de folios en los que portaba la información que había estado recopilando para escribir este artículo. Claro, en el primero de ellos se leía sin problemas, en letras grandes y negras, la maldita palabra: “e-gobierno”.
Os aseguro que la repentina responsabilidad de responder a una pregunta de esa clase, de forma totalmente inesperada, logró sumirme en un estado de nerviosismo bajo el que resultaba realmente difícil recurrir a cualquier tipo de argumentación lógica que sirviera como respuesta válida, así que lo único que alcancé a decirle fue:
- “Dime una cosa: si pudieras ir a votar en unas Elecciones con la bata de franela y las pantunflas de estar por casa, ¿lo harías?”.
Ella respondió con una mezcla de asco y estupefacción:
- “¡No, joder! Antes muerta que maruja”.
- “¿Y si pudieras votar con esas pintas, desde casa y con tu ordenador conectado a Internet?”, insistí.
- “Bueno, no estoy segura. Creo que sería algo fácilmente manipulable, ¿no crees?”.
- “Acabas de sumergirte de pleno en el concepto del e-gobierno. Supongo que en realidad es algo de lo que la gente habla, pero que no termina de cuajar debido a una combinación de miedo, falta de infraestructuras, y genética nacional”.
Su cara era la de una persona que ha perdido por completo el hilo de la conversación:
- “Pero, ¿de qué me estás hablando?”.
Comprendí entonces que me estaba pasando de la raya. Aquel no era lugar para hablar del e-gobierno, por mucho que opine que para convertir un asunto en algo normal lo más apropiado es hablar de ello con naturalidad. Tampoco era la persona apropiada para hablar del tema, probablemente mi frutera predilecta no se había conectado a Internet más que en ocasiones contadas, así que intenté explicarme de la mejor manera posible:
- “Digo que aún falta mucho tiempo para que los españoles votemos a través de Internet. Descuida, cuando averigüe algo más te lo comunicaré”.
Puse rumbo hacia mi casa, bolsa de manzanas en una mano, puñado de folios ininteligibles en la otra, pensando en que no estaba seguro de que la pobre chica hubiera terminado de entender el concepto de e-gobierno.
Ni siquiera estaba seguro de entenderlo yo mismo, ¿cómo iba a explicarle con exactitud qué demonios quiere decir el término “e-gobierno”?. Estaba claro que necesitaba urgentemente llegar a casa, sentarme en el sofá con mi manojo de papeles e intentar asimilar el asunto.
Así que tras un par de manzanas y un buen rato examinando la documentación con la que contaba lo tuve claro: se trata de un concepto que utilizan los gobiernos para modernizarse y que, después de construir un par de sitios web que pretenden acercar la administración pública al ciudadano a través de la Red, tiene más de elemento que sirve para mejorar la propia imagen gubernamental que de utilidad para el usuario.
Es curioso, según el último informe de la Fundación Auna sobre el desarrollo de la sociedad de la información en España, Murcia, la Comúnidad Autónoma a la que pertenezco, posee un 93’2% de su administración pública conectada a Internet.
Una cifra estupenda, ¿verdad?. Seguro que cualquier persona a la que se lo cuente pondría cara de satisfacción y pensaría, aunque sólo fuera por una milésima de segundo, que el Gobierno murciano se lo está montando macanudamente en cuestiones de Internet.
Pero entonces yo le pediría que me acompañara en una visita internaútica por los sitios web que mi Gobierno ha puesto en la Red. Seguro que su gesto cambiaría al comprobar, por ejemplo, que para realizar cualquier consulta tributaria (suponiendo que encontrara el lugar indicado para tal fin entre la maraña de páginas horrorosamente estructuradas del sitio web institucional murciano), es necesario clicar en un enlace que… ¡te muestra una dirección de correo electrónico a la que has de escribir tu pregunta!.
Siendo optimistas: deberá considerarse privilegiado quien consiga que el enlace funcione. Y desde luego deberá probar suerte en la lotería quien obtenga una respuesta en menos de 24 horas.
Otro detalle: si un ciudadano desea llevar a cabo el pago de sus impuestos de forma telemática (por utilizar el adjetivo institucional), la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia le remitirá al servicio de pago de algunas de las más populares entidades bancarias. Bendita locura, ¿será tan laborioso establecer un sistema de pago de impuestos avalado por el propio Gobierno?.
Por lo demás, el resto de servicios disponibles no son para festejarlos. En la Biblioteca Regional puedes consultar un extenso catálogo, pero si quieres renovar un préstamo tendrás que desplazarte hasta el edificio donde se encuentra ubicada.
Quizá resulte más esperanzador la visión de mundojoven.org, el portal dedicado a la juventud murciana. Quizá sí, pero no. En realidad las esperanzas se esfuman cuando vas a clicar en el buscador de empleo para jóvenes y compruebas, ya totalmente desmoralizado, que no funciona.
En fin, que no hay mucho más. Parece que ya estamos divagando, será mejor terminar con ésto. Una sóla cosa más: amigos políticos, conéctense a Internet de forma habitual, por mucho que se rodeen de los mejores asesores técnicos les será imposible tomar decisiones acertadas si no están habituados al uso de la Red.
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[...] realistas. Lo cierto es que esto del bluetooh institucional se parece mucho a aquello del e-gobierno, tiene más utilidad para que el ayuntamiento refuerce su imagen de institución abiertas a las tecnologías [...]