Historia de una decepción: las fotos de la Torre Agbar
Viernes 16 de septiembre, 21.30 horas.
Un buen número de fotógrafos (algunos de ellos profesionales) se agrupan en torno a la base de la Torre Agbar en Barcelona. Lás cámaras están sobre los trípodes esperando con ansiedad ser disparadas. Algunos de los que se han acercado hasta allí para contemplar el gran acontecimiento van incluso equipados con su laptop y cámara de vídeo digital, con la intención de documentar gráficamente algo que promete de verdad.
Durante las dos últimas semanas la noticia había corrido como la pólvora. El Ayuntamiento de Barcelona anunciaba el día uno de septiembre el inicio de las pruebas de iluminación de la torre que ha cautivado a media ciudad y alienado a la otra mitad. Una descomunal mole deciento y pico metros de altura con forma evidentemente fálica (cuenta la leyenda que en el underground arquitectónico catalán el diseño de la torre se justificó como el gran complemento a la enorme vagina que es la Plaza de las Glorias) que además tiene la capacidad de iluminarse de 140 colores diferentes y una potencia tremenda.
En esos 15 días pudimos comprobar cómo cada noche el edificio cambiaba de color y jugaba con nuestra percepción visual dejándonos embelesados. Los más ilusionados tomamos alguna fotografia del proceso, y nos prometimos estar allí el día 16, cuando después de la visita matutina de los Reyes de España, se pusiera la primera noche oficial para la torre y luciera todo su esplendor multicolor mutante.
Son las 21.30 horas del 16 de septiembre, decía, y las luces blancas de las oficinas hacen pensar que el espectáctulo se retrasará hasta el filo de la media noche. La torre luce los colores habituales: azul y grana que remiten directamente al sentimiento de identidad local. Los primeros curiosos abandonan el lugar: la cosa no merece tanto la pena. El resto sigue al pie del falo multicolor esperando que suceda algo. De repente comienza a llover, ya son las 23.00 horas y los más curiosos empiezan a emigrar… sólo quedan muy pocos fotógrafos con fe en el espectáculo. La torre sigue culé.
A las 23.45 horas sólo se ven dos trípodes en las inmediaciones. Al equipo habitual se añaden camisetas y jerseys, lo que sirve para abrigar al hombre se utilizar ahora para proteger a la cámara (más valiosa que un resfriado) de la lluvia. Los comentarios de los fotógrafos con más aguante sitúan la desesperanza como postura oficial.
A las 23.55, por fin, sucede algo. La torre apaga toda su iluminación exterior. Sólo se ven las luces blancas de las oficinas y alguien grita, exaltado, creyendo que la oscuridad es el punto partida en la progresión lumínica.
A las 00.00 no sucede nada. La torre sigue apagada, aunque en la base asoma un tímido tono rojizo. Quince minutos más tarde no queda ningún fotógrafo a la vista. Los últimos se han marchado mascullando maldiciones. Nadie termina de entender por qué el día de su inauguración la torre de la que todo el mundo habla no luce iluminada en todo su explendor como en los días anteriores. Es absurdo. Sólo hay una explicación: el gran falo ha tenido un gatillazo. Son los nervios del estreno, o quizá sea que Agbar decidió comenzar a ahorrar energía justo el día de la inauguración de su gran obra. Habrá que disculpar todo este asuntillo. O no.
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faltó en la nota, comentar acerca de tu relación íntima con la torre, cuya cara era la primera que veias al abrir cada mañana los ojos, luego de haberte dormido admirando sus curvas por la ventana…
Bueno, eso sería correcto si fuera una chica ;)
[…] Los más veteranos recordarán que hace poco más de un año anduvimos obsesionados con la torre agbar. No es por el aspecto fálico del edificio, que podría, sino por su capacidad para fascinar al espectador con sus juegos lumínicos. Hace año y pico, cuando aun no se había inaugurado, la torre Agbar ofrecía un espectáculo de luces increíble, era como un pavo real desplegando todo su armamento. Fueron semanas de pruebas que nos dejaron a todos boquiabiertos, y yo tuve el privilegio de ser una de las primeras personas en fotografiar el espectáculo (porque vivo cerca, no por otra cosa). Tanto fue así que nos plantamos a pie de torre el día de su inauguración para ver lo que pasaba: nada. […]
Creo que es tan todos mal de la cabeza el edifio representa un bala sangrienta saliendo de la tierra esta significa una invasion al medio asi como todas las creaciones del hombre…
jajajjajaja
ustedes no tienen imaginacion
APRENDAN!!!!!!!