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Mutante, pero menos peligroso que el tunante

10.01.06 | blogging, periodismo | Dispara!

Andaba leyendo el diario El Pais el pasado domingo por la tarde, café en una mano y cigarrillo de plástico en la otra, cuando al llegar a cierto punto de la sección de Opinión, a punto estuve de derramar el contenido de mi taza, primero por el susto recibido y segundo por el ataque de indignación que me produjo un artículo de opinión de Margarita Rivière llamado “Mutantes“.

Hace un par de años (quizá menos tiempo) habría sufrido un amago de infarto al corazón al leer algunas de las afirmaciones de la columna de Margarita, pero como uno va haciéndose mayor y comienza a reflexionar sobre su entorno en vez de poner el grito en el cielo a la primera de cambio, levanté una ceja y me pregunté en qué punto del proceso de autoreciclaje profesional se debió perder Rivière para olvidar algunos aspectos de vital importancia en el tema sobre el que opina.

Les he enlazado arriba el texto que me exaltó (un poquito), para que lo lean ustedes mismos, que me consta que son muy listos, pero de todos modos hago uso de mi derecho a cita para contestar a un par de párrafos (primero y último, respectivamente):

Buenas noticias para empezar el año: la cháchara planetaria va in crescendo con la imparable moda de los blogs, pero al menos hace poco ruido. Me explico: el delirio de esta incesante verborrea contemporánea -¿ganas de comunicarse o de exhibirse?- se produce en el espacio virtual de Internet.

(…)

De momento, la revolución del blog es paralela a la del móvil y consolida el perfil de ese individuo permanentemente conectado no se sabe muy bien a qué, pero con el mero objetivo de existir en ese inabarcable mercado comunicativo. ¡Aquí estoy! ¡Leedme, miradme!, es el mantra del blogger. Mientras tanto, las prótesis electrónicas cambian las percepciones y los sentidos y reorganizan lo que, hasta ahora, hemos llamado experiencia humana. Vivimos en plena mutación.

En fin, vayamos por partes (no he visto muchas reacciones en la blogosfera, ¿soy el único al que le parece un artículo indigno, poco fiable y que abusa del desprecio gratuito?), alguien tiene que hacer el trabajo sucio:

Mapa de conversaciones políticas en la blogosfera norteamericana según Warren SackConversaciones políticas en la blogosfera norteamericana según Warren Sack

En primer lugar Rivière arranca el artículo despreciando la charla global, poniendo el diálogo multidireccional que se produce en Internet entre personas de todo el mundo a la altura del discurso de vendedor más chapucero sin previo aviso ni argumentación visible. En mi pueblo algo así siempre fue una opinión infundada, y nunca estuvo demasiado bien vista. De nuevo me asalta una duda: ¿qué se le pasa a alguien a la cabeza a la hora de faltar al respeto de un modo tan poco ortodoxo a un colectivo de personas? Además de merecer respeto por ser personas, algunas de ellas innovan en materia de comunicación (lo que les convierte en merecedoras de admiración).

En segundo lugar, aunque de perogrullo, es necesario explicar que generalmente un/a periodista cuenta con una notable capacidad observadora, mientras que Margarita Rivière evidencia una importante carencia al no percatarse de una de las normas más básicas que explican el comportamiento social en línea: la Red no es más que una proyección digital de la sociedad real, de modo que los comportamientos observados en Internet no difieren de los ya estudiados en cualquier sociedad. Con esto quiero decir que las ganas de llamar la atención, a las que Riviére se refiere en diversas ocasiones a lo largo de su columna, es algo que se registra tanto en el mundo on line como en el off line, y en ningún momento es un argumento de peso para desprestigiar a la comunidad blogger por el simple hecho de que no te agrade. Está claro que el 99% del contenido en los blogs no es de calidad, y eso es algo criticable. Pero lo mismo sucede en televisión, por ejemplo… y a nadie le escandaliza tanto.

En tercer lugar, Margarita vomita de forma autómata una serie de datos sobre número de blogs y audencias de los mismos creyendo que con ellos realiza una descripción fiel de la situación, pero se equivoca: todas las cifras son correctas, pero no implican, como ella infiere, que el descomunal incremento de blogs en el mundo derive en un naufragio de las cualidades comunicativas del hombre como especie que hace cada vez más y mejor uso de la tecnología. Todo lo contrario, existen tantos blogs en la Red como personas opinan en el mundo, de la misma forma que podemos encontrar tanta basura en los blogs como opiniones infundadas en la sociedad. Pero el modo de combatir la desinformación y la escasa calidad de lo que se expresa sin cuidar el fondo y las formas no es, como nuestra autora cree, la descalificación sistemática y el ataque a diestro y siniestro.

Alguien debería explicarle también a Margarita Rivière que la tecnología no es buena ni mala en sí misma, sino que toma posiciones según el uso que el hombre haga de ella y que, gracias al tremendo desarrollo tecnológico que estamos viviendo, han surgido fenómenos comunicativos tan interesantes como el periodismo ciudadano (Madrid, Londres y Nueva Orleans), el asociacionismo digital, los grandes recursos informacionales descentralizados y, por encima de todo, esa gran bendición para el hombre y sus necesidades comunicativas que es el hipertexto.

Precisamente por ese olvido de un fenómeno tan importante como el periodismo ciudadano (¿recuerdan aquellos bloggers norteamericanos explicando de primera mano y a pie de calle lo que estaba pensando en Nueva Orleans después del Katrina?), por esa falta de reconocimiento (me atrevería a decir que consicente) de un fenómeno que utliza el blog como herramienta y que ha permitido establecer canales de comunicación que no están condicionados por las corrientes oficiales y presentan una alternativa informacional a la ciudadanía (sobre todo teniendo en cuenta que la columna de opinión aparece en El País, un diario presuntamente independiente y por tanto afín a esos valores), me atrevo a hacer una recomendación a Margarita Rivière, aun siendo más periodista que servidor -por edad y experiencia laboral-: hágase con un blog, publique durante una temporada, lea otros, comente sus opiniones en ellos y cuando se haya convencido de sus palabras, lance su crítica más enérgica contra la blogosfera (se la merece), pero que sea con argumentos sostenibles.

Por favor.

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