*gonzolog

Drowning in a sea of love

perpetrado por Dr Gonzo el 29.03.2006 @ 11:44 am - música

Escucha esto! Nathan Fake - You Are Here.mp3

Border Community, un espacio para el recreo

La espectativa generada por el jovencísimo talento Nathan Fake tras The Sky Was Pink y Outhouse, dos de los maxis que más y mejor han sonado en la pista de baile en los últimos meses, era enorme. Desde un sello más bien modesto, Border Community, y sólo con algunos nombres que se distribuyeron exclusivamente en vinilo, el de Norfolk (UK) había conseguido una hazaña imposible: conquistar por igual al público asiduo a los beats ardientes y a los aficcionados al pop soñador, dos segmentos que casi nunca se llevan bien. Precisamente ese es el mérito tanto de Fake como de James Holden, su descubridor, remezclador y jefe en Border Community.

Estos días se publica Drowning in a Sea of Love, el primer larga duración de Nathan Fake, por primera vez en formato vendible para la mayoría de las tiendas (o al menos para las grandes tiendas, esto es, en cd) y con sorpresas que no lo son tanto en cuanto al sonido de las canciones.

Nathan Fake - Drowning In A Sea Of Love

El chico nunca había escondido su fanatismo por formaciones como Mogwai o M83, de modo que nadie debería sorprenderse porque las canciones de este Drowning in a Sea of Love anden más por esas tierras que por las que habían conquistado sus hits pisteros. Nathan Fake es un tipo al que no le interesa ser dj (siempre se ha vanagloriado de no haber tocado un technics en su vida, lo que no está muy claro es por qué narices la revista española Rockdelux lo eligió como uno de los djs del año, si en sus visitas a los clubs Nitsa y Razzmatazz se había limitado a hacer directos). Nathan Fake es un tipo que se siente más cómodo en cualquier habitación con un poquito de intimidad que en un club, por muy ecléctico que sea. Nathan Fake es, como alguien lo había definido antes, un fan de Mogwai con una caja de ritmos. Y qué carallo, Nathan Fake no sólo parece un tipo tímido, sino que también lo es.

Hay una cosa que me mosquea de todo esto, y es que la crítica de Pitchfork es buena, demasiado buena.