Dos ejemplos (radicalmente distintos, eso sí) que en ambos casos arrojan resultados positivos usando marketing del bruto, del duro de verdad.
Por un lado tenemos un asunto del que Juan Varela se hace eco en Periodistas 21. La discusión fue iniciada por el NY Times, aunque eso no es lo importante. Los portavoces del Vaticano se esfuerzan en negar que el hecho de que Benedicto XVI calce zapatos Geox (en cuyo comité ético está Joaquín Navarro-Valls, portavoz papal) y utilice Ipod responda a técnicas de marketing. A priori nadie ha cobrado un duro por estos pequeños detalles, pero las marcas de automóviles se dejan la piel en conseguir que el bueno de Benedicto se pasee en un Papamóvil que luzca su insignia. Ahí queda eso.
Por el otro tenemos un caso insólito (vía Territorio Creativo): un sencillo mecánico, pongamos que de Wichita-Kansas, Estados Unidos, que decidió llamar la atención de una manera más bien bestia, pero sin dejar de ser efectivo: arreglamos camiones, escrito en lugar bien visible y llamativo, sobre una de esas enormes moles convenientemente volcada de una forma que consigue un recuerdo potente a través de la impresión.
Estamos de acuerdo en que ambos casos son radicalmente distintos, repercusiones sociales distintas y modus operandi opuestos, pero tienen en común un extremismo en la ejecución que los hace perfectamente equiparables. O no…
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