Sorprende, agrada y al mismo tiempo preocupa. Iggy Pop y los Stooges acaban de grabar su primer álbum tras treinta años de silencio discográfico. Si hace unos cuantos años, cuando la reunión de los pioneros del punk americano sorprendía a medio mundo (por todos es sabido que Iggy y su banda están hartos los unos de los otros, les recomiendo la lectura de Please kill me -en Amazon- para ilustrar este y otros divertidos ejemplos que conforman el intríngulis de la escena más divertida de la historia del rock: el punk norteamericano), la noticia de una nueva grabación de los de Detroit nos deja boquiabiertos.

En primer lugar porque, según pudimos comprobar en los últimos conciertos de la banda (concretamente en Primavera Sound 2005), Iggy & The Stooges son dos cosas totalmente distintas: en el escenario Iggy pop se deja la piel mientras que The Stooges tocan de forma robótica, sin intersarse lo más mínimo por el líder de la formación, el público o los hipotéticos chuzos de punta que pudieran caer. En segundo lugar, porque la elección del productor genera un interés casi superior al de la propia grabación: será nada más y nada menos el señor Steve Albini (miembro de las importantes formaciones Shellac y Big Black e ingeniero de sonido, que no productor, de innumerables bandas, algunas de las cuales han entregado verdaderos discos incunables de la historia de la música americana) quien aparezca en los créditos de producción.
Con The Stooges en los Electrical Audio Studios de Chicago, con Mike Watt (bajista y miembro fundador de Minutemen) en sustitución de Dave Alexander, el trío (que completan los hermanos Asheton) que acompaña a Iggy Pop promete ofrecer un gran disco. Desde luego ilusiona, pero también produce cierta inquietud saber que, si a pesar de que todo indica que la calidad está asegurada, fallasen las canciones (se adelantan nombres como ATM, End of Christianity o Greedy Awful People), la decepción podría ser definitiva. De todos modos, la banda planea realizar una extensa gira de presentación del álbum, de modo que tendremos oportunidad de comprobar el verdadero estado de la formación. A esperar y a cruzar los dedos. Más en Reuters.
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