
Después de tres días con un gran resfríado, dos con fiebre y seguimos contando, mi cabeza no da para establecer grandes razonamientos al estilo Nick Naylor en Gracias por Fumar, más bien se queda obnubilada como Nausicaa del Valle del Viento ante la belleza de las esporas venenosas que amenazan la humanidad con algunas de estas increibles oficinas. Desde luego no hay ninguna duda, en un especio agradable en el que podamos ser potencialmente felices rendiremos más y trabajaremos mejor que en una de esas oficinas grises y horribles que deprimen a cualquiera, uno de esos espacios que con el uso prolongado son capaces de provocarnos un rechazo que se asemeja al pánico de las víctimas de Peeping Tom, el fotógrafo enfermo por excelencia. Por fortuna, la oficina donde trabajo tiende a ser agradable y me gusta (hola jefe, hola companys). A propósito, ¿a que no adivinan qué peliculas me han ayudado a no desesperarme demasiado en el proceso gripal?
Vía Microsiervos.











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