La historia de anonimato que rodea a Banksy, el artista callejero más cotizado de la historia, siempre me ha recordado un poco a aquel spot de Playstation que empezaba con una voz en off:
desde hace años llevo una doble vida. De día trabajo, pero de noche…
En cierto modo, Banksy es como los personajes de Sony, sus obras son famosas en el mundo entero, pero su identidad sigue siendo un gran misterio. Y como tal se cotiza alto. Una doble vida de película.
Es evidente que esta circunstancia es ideal para la carrera de un artista callejero que, de convertirse en un personaje público, correría el riesgo de ser multado, juzgado y condenado por todo tipo de delitos contra la vía pública y, lo que es mucho peor, de que sus obras perdieran un alto porcentaje del interés que ahora tienen.
No hace muchas semanas que cierta profesional del mundo del arte callejero me contaba, con una expresión que mezclaba asombro e ilusión, cómo revisando una antigua agenda había encontrado una dirección de correo electrónico que supuestamente pertenecía a la gallina de los huevos de oro. El hallazgo funcionaba como noticia inédita, se trataba de una pista, aunque fuera mínima, que podía acercarnos al gran enigma. Significativo
Todo esto viene al caso de una noticia, obviamente. Según el diario sensacionalista The Mail On Sunday, la identidad de Banksy podría haberse hecho pública. A decir verdad, tiene mucha lógica que, según informa el medio inglés, que asegura haber dado con el nombre de Robin Gunningham a través de una foto tomada hace cuatro años en Jamaica, el perfil del artista se corresponda con un tipo de clase media inglesa, de aspecto absolutamente corriente y sin ningún signo aparente que pueda delatar su nivel de riqueza, que a estas alturas no es poco, o su actitud de guerrillero del arte callejero.
En el mundo de la acceso universal a la información, de la omnipresencia de las cámaras y de los tags inoportuos en flickr, facebook y demás redes sociales, permanecer en el anonimato cuesta cada vez más. Lastima que The Mail On Sunday tenga la misma credibilidad que un mono bebiendo su porpio orín y que la probabilidad de que Robin Gunningham sea realmente Banksy es más bien escasa.
Sin embargo, ¿qué pasaría si lo fuera? ¿Acabaría su reinado? ¿Daría con sus huesos en una celda? ¿Acabaría en la portada de PerezHilton? No es que me apetezca contribuir al enriquecimiento de este artista callejero, más bien me molesta el monopolio, pero creo que no me gustaría ninguna de las situaciones anteriores. De modo que… ¿por qué no decimos todos que somos Banksy?
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