La verdad es que Alberto Vázquez-Figueroa ha tenido bastantes cojones con su rebeldía pro-cultura libre (aunque aquí habría varios peros) y en contra del sector más rollizo de la industria editorial. El único pero que no me puedo callar es el clásico “si yo tuviera tu pasta también me tiraría al rollo”. De todos modos, da gusto entrevistar a personajes así:
El Gobierno se gasta un dineral en campañas publicitarias que son idiotas y no exige a las editoriales que hagan ediciones de tapa dura y de bolsillo al mismo tiempo. “Vaya usted a leer”, dicen, y pretenden que pagues 20 euros por libro.
Pues yo propongo que el lector compre al precio que le de la gana. Que lo quiere muy bonito para tenerlo en casa, estupendo. Que lo va a leer en el metro o en la playa, que compre la edición de bolsillo. Y si no lo puede pagar, lo puede conseguir gratis.
Cuando en Francia se empezaron a publicar por entregas historias como Los tres mosqueteros el número de lectores se multiplió por tres. Es tan sencillo como eso: la gente empezó a leer.
Eso es lo que necesitamos en España. Si es gratis, que sea gratis. Luego ya comprarán.








