El debate de ayer entre Zapatero y Rajoy no presentó ninguna novedad para el ciudadano. Ambos candidatos se ciñieron a sus respectivos guiones, sin anunciar absolutamente nada, sin emoción más alla del confrontamiento y las descalificaciones… Eso sí, tuvo dos grandes toques de humor. Y ambos estuvieron firmados por zapatero.
El primero llegó cuando acusó a Rajoy de llevar a cabo regularizaciones de inmigrantes “con un bonobús”. El popular no pudo evitarlo y acabó riéndose ante el dardo de su contrincante. Y no es para menos, el Presidente del gobierno en funciones se inspiró nada más y nada menos que en un sketch de Faemino y Cansado para ejecutar su golpe.
El segundo toque de humor vino cuando, casi al final del debate, Zapatero se ganó el voto del personaje televisivo conocido como El Follonero al nombrar a Javier Bardem. Un compromiso que ambos políticos habían adquirido públicamente con el humorista, que estos días conduce en La Sexta un programa especial dedicado a las elecciones que bajo el título de “Salvados por la campaña”, está consiguiendo amenizar una campaña electoral sosa. Rajoy, por su parte, había prometido aprovechar su posición ventajosa en el debate (a él le tocaba hablar primero) para cumplir su compromiso con el Follonero. No tiene más importancia, pero ha fallado estrepitosamente.
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Esta España nuestra siempre ha tenido una predilección especial por la sátira. No podemos evitarlo, forma parte de nuestro carácter el buscarle el lado jocoso a las cosas, sobre todo cuando hablamos de acontecimientos populares. Hasta ahora el humor gráfico sobre los acontecimientos cotidianos de la vida del país estaba reservado a las páginas centrales de los diarios, a Forges, Gallego & Rey, a la escuela de humoristas de El Jueves, etcétera. Pero de un tiempo a esta parte las cosas están cambiando. De repente cualquier joven tiene a su alcance las herramientas necesarias para expresar su opinión a través de viñetas jocosas. Y no sólo eso, sino que además tiene la oportunidad de distribuir su trabajo a un público potencialmente infinito. Tal situación es casi una garantía para los autores con talento: si tienes algo que decir y tu discurso es realmente bueno, tarde o temprano acábara haciéndose popular. Eso es exactamente lo que le ha sucedido a